
Hace unas semanas leí Panza de burro de Andrea Abreu y me dejó con sensaciones muy entremezcladas. Pero sobre todo, sí, lo recomiendo. Pero aviso: no es un libro que vaya a gustar a todo el mundo. Es una lectura muy particular, con una voz muy marcada y con momentos que pueden resultar incómodos o incluso desagradables para algunos lectores.

Lo primero que me fascinó es el uso del lenguaje. Andrea Abreu utiliza el habla de la zona rural y no turística del norte de Tenerife, donde ella se crió, y desde la primera línea escuché perfectamente el acento canario en mi cabeza. No solo se trata de palabras sueltas, sino de una musicalidad, una forma de construir las frases, todo respira canario. Yo diría que he entendido la gran mayoría de los localismos por el contexto, y para mí ha sido un placer. Me encantan los diferentes acentos y hablas, me parecen una riqueza enorme, y me llevo «el fisquito» pa’ mí pa’ siempre. ¿Tendrá que ver con ser filóloga? Podría ser, aunque no creo que sea la única razón.
En cuanto a la trama, más allá de que seguimos a dos niñas de diez años y de que una va claramente a rebufo de la otra —algo bastante habitual a esa edad—, lo interesante está en la relación entre ellas. Hay admiración, dependencia, crueldad, necesidad de pertenecer, celos… y todo eso aparece sin filtros, sin edulcorar en ningún momento la infancia. Porque la infancia también puede ser incómoda, áspera y, a veces, incluso violenta emocionalmente.
He encontrado ecos de Yeguas exhaustas de Bibiana Collado cuando habla de precariedad, de esos veranos interminables sin hacer nada, solo el Vacaciones Santillana y el ir para arriba y para abajo con la amiga, mientras tus padres trabajan, trabajan y trabajan y tú no sabes qué es el ocio de los ricos y sus piscinas con cloro, sólo el limpiar apartamentos y cambiar sábanas y almohadas.
También hay ecos de Vozdevieja de Elisa Victoria. Quizá por esa forma de mirar la infancia sin idealizarla, mostrando también el despertar sexual, aunque en eso no coincida cronológicamente .
Panza de burro habla sobre esa edad en la que la amistad lo es todo, en la que una relación puede marcarte profundamente y en la que aún no sabes muy bien cómo gestionar emociones intensas. Eso sí… no es una lectura fácil. Pasamos por muchos estados de ánimo: hay momentos divertidos, turbios, escatológicos, nostálgicos, tiernos, incómodos, desagradables… incluso algunos directamente duros. Es un libro que incomoda y que a veces incluso provoca rechazo, pero creo que eso forma parte de su intención. No busca gustar, busca mostrar. Y es precisamente por eso que me ha parecido interesante. Porque es diferente, no encaja en lo que esperamos de una novela sobre la infancia o la amistad entre niñas. Además, me ha resultado curioso todo lo que rodea al libro: el título, la cubierta, las niñas que aparecen en ella… y cómo todo eso cobra sentido dentro de la historia. Es una de esas novelas que, una vez terminadas, te dejan pensando.
Y tú, ¿has leído ya Panza de burro? ¿O eres como yo, que como tuvo tantísimo hype cuando se publicó —en plena pandemia— lo fuiste dejando para más adelante? ¿Te gustan los libros que tratan la amistad entre niños o la infancia desde una perspectiva menos idealizada? Recomiéndame alguno.
📍 Este libro lo he leído en préstamo de la biblioteca de Biblioteca de La Ràpita. Me encanta tirar de biblioteca siempre que puedo: descubres libros, ahorras y además apoyas un servicio público que merece muchísimo la pena.📍