
Últimamente me ronda una idea: el elitismo literario. Esa especie de jerarquía invisible que parece existir entre lectores y entre libros, como si hubiera formas “correctas” y “incorrectas” de leer. Como si algunos géneros fueran más respetables que otros. Como si terminar ciertos libros te colocara automáticamente en un escalón superior.
Lo veo constantemente. Si lees clásicos, eres un snob. Si lees romántica, eres una lectora superficial sin dos dedos de frente. Si lees fantasía o ciencia ficción, eres un friki. Si lees autoayuda, eso no cuenta como leer. Si escuchas audiolibros, tampoco. Si lees rápido, te lo inventas o no te has enterado de nada de lo que has leído. Si lees despacio, no lees lo suficiente. Hagas lo que hagas, parece que siempre hay alguien dispuesto a decirte que estás leyendo “mal”.
Y, sin embargo, leer debería ser justo lo contrario. Un espacio libre. Un territorio personal. Algo que no necesita validación externa.

Es curioso cómo incluso dentro del propio mundo lector se repiten estas dinámicas. Personas que solo consideran “literatura” ciertos títulos, ciertas editoriales o ciertos autores. Como si hubiera una frontera clara entre lo que merece la pena y lo que no. Como si disfrutar de un thriller, una novela romántica o una historia ligera fuera una forma inferior de lectura.
A mí, sinceramente, me cuesta entenderlo. Porque leer, al final, es leer. Da igual si es un clásico ruso de mil páginas o una novela contemporánea que se lee en dos tardes. Da igual si te hace pensar profundamente o si simplemente te entretiene. Ambas cosas son válidas. Ambas cosas tienen su momento.
También me llama la atención otra idea muy extendida: que leer te hace automáticamente mejor. Más culto, más interesante, más profundo. Y aunque es verdad que la lectura puede abrirte puertas, enseñarte cosas y ayudarte a reflexionar, no creo que leer te haga superior a nadie. Es una afición más. Una muy bonita, sí, pero una más.
A veces incluso me da un poco de pena cuando alguien dice que no lee. No porque piense que es peor, que va, eso no tiene nada que ver, sino porque siento que se está perdiendo algo que a mí me hace muy feliz. Pero eso no significa que su forma de disfrutar del tiempo libre sea menos válida. A ellos probablemente les pasará lo mismo con sus propias aficiones.
Creo que el problema empieza cuando convertimos la lectura en una competición. Cuando importa más cuánto lees, qué lees o cómo lees que el propio acto de leer. Cuando parece que hay que demostrar algo. Cuando enseñar la estantería o los últimos libros que te has comprado sustituye a disfrutar de los libros.
Ligado a esto, también existe ese otro fenómeno: el postureo lector. Libros comprados que nunca se leen. Clásicos que se mencionan pero no se terminan. Lecturas que se enseñan porque “quedan bien”. Y, al mismo tiempo, personas que se sienten intimidadas porque creen que no leen lo suficiente o que sus lecturas no están “a la altura”.
Y quizá lo más triste de todo es que esa presión puede alejar a la gente de la lectura. Si parece que hay que leer de una determinada manera, muchos prefieren no leer. Si parece que hay que entenderlo todo, algunos se frustran. Si parece que hay libros “demasiado difíciles”, otros ni siquiera lo intentan.
Para mí, la lectura debería ser justo lo contrario: un refugio, no una exigencia. Un placer, no una prueba. Un espacio donde cada uno encuentre su lugar.
Hay momentos para leer clásicos y momentos para leer algo ligero. Hay épocas en las que apetece algo profundo y otras en las que solo queremos desconectar. Hay lectores que leen mucho y otros que leen poco. Y todo eso está bien.
Quizá lo importante no sea qué lees, sino que encuentres ese libro que te atrape. Ese que te haga querer seguir leyendo. Ese que te recuerde por qué te gusta tanto abrir un libro y desaparecer un rato.
Porque, al final, no hay lecturas superiores ni inferiores. Solo hay libros que conectan contigo… y libros que no. Y eso, como casi todo en la vida, es profundamente personal.
Yo, al menos, cada vez lo tengo más claro: no quiero leer para demostrar nada. No quiero leer lo que “debería”. Quiero leer lo que me apetezca, lo que me acompañe, lo que me atrape en ese momento. Sin jerarquías, sin etiquetas y sin sentir que tengo que justificar mis lecturas.
¿Y tú? ¿Has sentido alguna vez esa especie de elitismo lector? ¿Te han hecho sentir que lo que lees es “peor” o que deberías leer otra cosa?
8 de junio de 2026

Mi sueño: tener una librería-cafetería
3 de mayo de 2026

Todo lo que sé sobre el amor, de Dolly Alderton
26 de abril de 2026

Animales adorables de Cat and Book Studio
19 de abril de 2026

Títulos rarísimos de libros que solo entiendes al terminar
14 de abril de 2026

Vuelvo al blog con una nueva aventura: Cat & Book Studio
29 de septiembre de 2025
